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vengo de donde
hay vacío
devengo
en un intento inalienable
.
. ...
..
é s t e, e s e l fin de las piedras
- Lleválos, si no están se espantan de la ausencia.
Ahí el pájaro, la curiosidad,
autenticidad del hambre.
Una esquina cualquiera, ésta,
a mis pies la sombra de sonidos que humedece.
Una hora puesta, cómo no abrir mis ojos?
imposibilidad de cerrar mis oídos.
Cuánto tiempo más allá de acá para que mi desecho (el desecho de mi) expida un documento, membretado: el paraíso de los necios.
Una mentira jamás revelada pondrá al mundo de cabezas si es que ya no lo ha hecho.
El norte perdió la dirección y tomo otra cerveza en una esquina olvidada,
traslúcida.
Los fantasmas de mi cuerpo
se agitan
tras las rejas doradas. Salva las ventanas
del viento que el vidrio puede romperse y no leo mas,
dibujo círculos y huevos y
preferiría una sordera transitoria
que me trasladase al poderoso
cielo de la estática.
Podrán quitarme todo,
de hecho nada tengo,
y de quererlo, prescindo de buscarlo.
Sólo espero que me respondan los pies.
Estoy sentada
y he de mover mis manos para llevar
un próximo cigarrillo
a mi boca, otro vaso
de cerveza
y una palabra para que quede claro que nada puedo decir.
Dónde está la gente, peregrinos?
Una mano sobre el hombro y el hombre descansa.
Alguien me necesita, para aprender de qué estamos hechos,
una papa, digo,
contiene más moléculas que yo.
Río.
Eso es todo.
La constitución del lenguaje es un vómito invisible.
Así está la noche, la ciudad me espanta, no mucho,
nada nuevo.
Una mesa vacía, ganas de romper con esta
comodidad incómoda y me alimento
de los pocos sueños que me quedan,
de una intención no consumada;
y me muevo
como un tren del tercer mundo,
a duras penas,
con la belleza de la precariedad,
con el ansia
de cambiar el rumbo
de los rieles que determinan el recorrido.
Acostumbrada a partir las copas no tengo qué beber y mi ambición es partirme en mil pedazos.
Cuántas mesas más serán necesarias?
una espalda es un discurso apasionado,
no puede no serlo, el revés,
aunque se vista de amarillo,
y ahí estoy yo,
mirando como ahuyento lobos mansos,
aullidos melodiosos, y no soy feliz,
alguna vez creí que sí, lo fui.
Era una mirada la que atormentó mis órganos y no supe, no quise dejar de sobrepasar el momento. Hojas y hojas para quemar, palabras para olvidar, recuerdos para perder en un presente que seduce e instiga.
Cuánto más habrá que mirar.
Cuánto más habrá que mirar para creer.
Y bailo porque nada importa, lo que debe ser sabido desde un principio por necesidad, por eso la penumbra y la determinación a la ignorancia.
El vértigo está donde se lo busque y
caemos a su encanto
y disparamos.
Necesitar un cuadro,
un color que perdure,
el viento que nos sople de una vez.
Una espalda es un discurso fabuloso,
un mapa magnánimo,
la conquista de los mundos,
los que llevan, los que caen.
Dónde están todos?
me camina la prisión de haber hecho lo necesario!
la sombra de la palabra.
¿ Qué ves ?
vela y dime
pronto
¿acaso se acostó la tristecita a uno de los lados?
- y ... ?
- y ... ?
____ ¡ despertó preñada de rocío !
_____ y dará a luz alguna lágrima
* peregrino
bordón
y esclavina
* dadaísta
i n c i e r t o
¿Qué ves?
A v e n t u r a d a sombra de la palabra.

INVIERTO EL ANIMO
moneda lanzada al AIRE
ma
no
s
INVISIBLES LAS TOMO
las abanDONO
a sus
dedos
al mágico impulso
que las revela reDONdas
OJOS ABIERTOS
LANZADOS AL
AIRE
es
una historia
como la palma de su mano,
junta este fragmento,
lo acondiciona
para resignificar
su historia
la carne I
La campana dejó de sonar. Sobrevuela la tierra despejada, un silencio poderoso, lunático. La consistencia del roble se yergue voluptuosa hasta el inocente soplo sobre la chispa. Así, se transforma la vida en muerte, la nada en peso sostenido con dificultad. Con afán de encontrar el esperado abrazo de los días, conjugados los tiempos, reducidos al ahora, emerge la estática, una quietud intrínseca producida por el choque que derrama versos en idioma desconocido. Así se convierte la aguja en avispa, el ojo en blanco; así, innumerables átomos se congregan, apañan, muerden. Tanto el esplendor como la guerra nuclean avatares inmaculados, sólo debajo de las mesas babea la sombra de un gran pez.
Seguir preguntando desde la ventana hacia el árbol erguido, hacia todos los rincones de sus ramas agonizantes: de dónde tomar el fruto si ha caído y ha rodado a la penumbra de los intentos que vienen galopando. Pese a las influencias de la historia, se vislumbra fugaz, la carcajada que se incendia plácidamente. Nuevas alcobas, con alfombras plateadas, simulan un mar vacío, un océano de temores inconcebibles por los pensamientos. Y es así que transitar el día sin querer despertar de esta pequeña muerte de los sueños es la carne en la que se vive.